About Sumay

Sumay, mucho mas que un Cacao

Sumay Cacao nació de una relación con el cacao que comenzó mucho antes de que existiera nuestra empresa. De años de compartirlo, de aprender a escucharlo y de sentir que todavía había muchísimo por descubrir.

Después de un tiempo trabajando con cacao, llegó un momento en el que sentí la necesidad de emprender mi propio camino. Quería encontrar un cacao con identidad, conocer su origen, acercarme a quienes lo cultivaban y construir un proyecto que reflejara mi manera de entender y respetar esta medicina.

Así comenzó Sumay.

El viaje que dio vida a Sumay

Cuando decidí comenzar este proyecto, empecé a buscar productores, a probar diferentes cacaos y a conocer lo que había disponible en el mercado.

Pero todavía no encontraba lo que buscaba.

Llegó un momento en el que me quedé sin productor y sin cacao. Recuerdo una noche de mucha tristeza e incertidumbre. A la mañana siguiente desperté con una idea muy clara: tenía que viajar a Perú.

Dos semanas después estaba allí, buscando a Sumay.

Mi viaje comenzó en Lima. Allí conocí a una mujer que llevaba muchos años trabajando con cacao y que me acompañó a una pequeña feria de productores y artesanos.

Entre los puestos encontré a una joven que ofrecía chocolates elaborados por su familia. Tenía también cacao puro y compré una muestra.

A la mañana siguiente, como hacía habitualmente, preparé mi taza de cacao y me senté a meditar.

Recuerdo perfectamente aquella primera taza. Desde el primer sorbo apareció una sonrisa que terminó convirtiéndose en una alegría inmensa.

Quería saber de dónde venía aquel cacao.

Así comenzó un viaje por diferentes territorios de Perú, visitando instalaciones de producción, conociendo a productores y aprendiendo sobre distintas maneras de cultivar y transformar el cacao.

Después de recorrer el norte del país, llegué a Cusco, donde conocí a Alfredo, cuya familia llevaba tres generaciones trabajando con cacao.

Visitamos sus tierras, caminamos entre los árboles que había plantado su padre y conocimos los lugares donde su familia había construido su historia. Allí comprendí que detrás de aquella taza había mucho más que unas características de sabor o un proceso de elaboración.

Había una familia, un territorio y una manera de vivir vinculada a la tierra.

También pude conocer las dificultades que afrontan muchas familias productoras y la importancia de las asociaciones y cooperativas para apoyarse, compartir conocimientos y encontrar mejores oportunidades.

Fue entonces cuando comprendí que aquello que buscaba no podía separarse de las personas que hacían posible el cacao.

Alfredo nos llevó después a conocer una cooperativa de mujeres.

Visitamos sus instalaciones y sus tierras, compartimos tiempo con ellas y conocimos su manera de trabajar. Recuerdo especialmente uno de aquellos lugares, rodeado de una naturaleza extraordinaria, y el cuidado con el que una de las productoras atendía su cacao.

Escuchar su historia me conmovió profundamente. Aunque nuestras vidas habían transcurrido en lugares y circunstancias muy diferentes, reconocí algo de mi propio camino en el suyo.

Sentí que quería formar parte de aquel proyecto y acercar su cacao a Europa.

Aquel viaje me permitió encontrar los primeros cacaos de Sumay, pero también me enseñó que el cacao no puede entenderse únicamente por sus variedades, sus aromas o su calidad.

Detrás de cada origen hay personas, familias, conocimientos, dificultades, decisiones y una relación con la tierra que merece ser reconocida.

Regresé a España con algo mucho más importante que un producto para vender: había encontrado el comienzo del camino que quería recorrer con Sumay.

Un nuevo encuentro: Ecuador

Con el tiempo, el camino de Sumay me llevó a descubrir otro cacao extraordinario.

Fue durante una feria en Europa donde conocí a una pareja que había viajado desde Ecuador para compartir el cacao que ellos mismos elaboraban. No eran intermediarios: eran las personas que estaban detrás de aquella pasta de cacao.

Durante los días que pasé en la feria tuve la oportunidad de probar diferentes cacaos, pero hubo uno que me llamó especialmente la atención.

Era el suyo.

Había algo en aquel cacao que iba mucho más allá de su exquisito sabor. Algo que despertó mi curiosidad y me hizo querer conocerlo mejor.

Compré su cacao y, unas semanas después, me puse en contacto con ellos para felicitarlos por su trabajo. Les conté qué era Sumay, lo que estaba construyendo y cuánto me gustaría que su cacao formara parte de nuestro proyecto.

Así comenzó nuestra relación.

Poco a poco fuimos hablando con más frecuencia, compartiendo conocimientos, experiencias y maneras de entender el cacao.

Desde el principio tuve muchas ganas de viajar a Ecuador para conocer personalmente su trabajo, sus tierras y todo aquello que hasta entonces había podido descubrir a través de fotografías, vídeos y nuestras conversaciones.

El viaje tardó más de lo que esperaba, pero finalmente llegó el momento de encontrarnos allí.

Pude conocer de cerca su proyecto, profundizar en su manera de trabajar y comprender mejor todo lo que había detrás de aquel cacao que tanto me había impresionado en Europa.

Hoy me siento profundamente agradecida de haberlos conocido. Nuestra relación ha ido creciendo con los años y aquellas dos personas que un día encontré en una feria se han convertido también en dos lindos amigos.

Con ellos llegó a Sumay Conscious Cacao, nuestro cacao Nacional de Ecuador, y una nueva oportunidad de seguir aprendiendo, descubriendo territorios y compartiendo cacaos con identidad propia.

Una forma de entender el cacao

El cacao tiene una historia que comienza mucho antes de convertirse en chocolate. Una historia ligada a la tierra, a las comunidades que lo han cultivado y cuidado durante generaciones, a sus conocimientos y a las diferentes formas de compartirlo.

Esa historia es la que nos inspira y la que queremos acercar a cada persona que llega a Sumay.

No buscamos simplemente ofrecer un buen cacao. Queremos que detrás de cada taza exista una oportunidad para descubrir su origen, comprender su recorrido y reconocer el trabajo de quienes hacen posible que llegue hasta nuestras manos.

Trabajamos con cacao puro procedente de Perú y Ecuador, de territorios vinculados a la Amazonía, seleccionado por su calidad, sus características y, especialmente, por la manera en que se cultiva y transforma.

Nos importa conocer de dónde viene, quién lo produce, cómo se fermenta, cómo se seca y qué decisiones se toman durante todo su proceso. Porque cada una de ellas influye en el cacao que finalmente compartimos.

Creemos en las relaciones directas, en la transparencia y en un comercio que respete a los productores y su trabajo. Preferimos conocer y aprender antes que dar algo por supuesto.

Cada origen tiene su propia identidad. Cada territorio, sus condiciones. Y cada cacao, una historia que merece ser escuchada.

Compartir también es parte de Sumay

Sumay no termina cuando alguien compra un paquete de cacao.

Continúa en una conversación, en una cata, en una taza preparada con atención, en una pregunta que despierta curiosidad o en un encuentro que nos permite seguir aprendiendo.

Desde nuestra cacaotería en Ronda compartimos experiencias, catas y encuentros para acercar el cacao a quienes desean conocerlo. También llevamos estas experiencias a otros lugares y creamos espacios de aprendizaje junto a personas que dedican su vida a estudiar sus orígenes, su historia y sus culturas.

No pretendemos saberlo todo sobre el cacao. Seguimos investigando, viajando, escuchando y aprendiendo de quienes lo conocen desde la tierra y desde el conocimiento.

Lo que queremos proteger

Sumay puede crecer, cambiar su imagen, llegar a nuevos países y encontrar nuevas maneras de compartir el cacao.

Pero hay algo que no queremos que cambie nunca: el respeto por el cacao.

Por su origen, por las personas que lo cultivan, por su historia y por todo lo que representa.

La transparencia, el respeto y el amor con el que hacemos nuestro trabajo están por encima de cualquier otra decisión.

Porque para nosotras el cacao nunca será simplemente un producto.

Es el corazón de Sumay.

No buscamos simplemente ofrecer un buen cacao. Queremos que detrás de cada taza exista una oportunidad para descubrir su origen, comprender su recorrido y reconocer el trabajo de quienes hacen posible que llegue hasta nuestras manos.

Una forma de entender el cacao

Trabajamos con cacao puro procedente de Perú y Ecuador, de territorios vinculados a la Amazonía, seleccionado por su calidad, sus características y, especialmente, por la manera en que se cultiva y transforma.

Nos importa conocer de dónde viene, quién lo produce, cómo se fermenta, cómo se seca y qué decisiones se toman durante todo su proceso. Porque cada una de ellas influye en el cacao que finalmente compartimos.

Creemos en las relaciones directas, en la transparencia y en un comercio que respete a los productores y su trabajo. Preferimos conocer y aprender antes que dar algo por supuesto.

Cada origen tiene su propia identidad. Cada territorio, sus condiciones. Y cada cacao, una historia que merece ser escuchada.

Compartir también es parte de Sumay

Sumay no termina cuando alguien compra un paquete de cacao.

Continúa en una conversación, en una cata, en una taza preparada con atención, en una pregunta que despierta curiosidad o en un encuentro que nos permite seguir aprendiendo.

Desde nuestra cacaotería en Ronda compartimos experiencias, catas y encuentros para acercar el cacao a quienes desean conocerlo. También llevamos estas experiencias a otros lugares y creamos espacios de aprendizaje junto a personas que dedican su vida a estudiar sus orígenes, su historia y sus culturas.

No pretendemos saberlo todo sobre el cacao. Seguimos investigando, viajando, escuchando y aprendiendo de quienes lo conocen desde la tierra y desde el conocimiento.

Lo que queremos proteger

Sumay puede crecer, cambiar su imagen, llegar a nuevos países y encontrar nuevas maneras de compartir el cacao.

Pero hay algo que no queremos que cambie nunca: el respeto por el cacao.

Por su origen, por las personas que lo cultivan, por su historia y por todo lo que representa.

La transparencia, el respeto y el amor con el que hacemos nuestro trabajo están por encima de cualquier otra decisión.

Porque para nosotras el cacao nunca será simplemente un producto.

Es el corazón de Sumay.