Durante mucho tiempo, la historia del cacao se contó mirando hacia Mesoamérica. Olmecas, Mayas y, mucho después, Aztecas ocuparon un lugar central en el relato que llegó hasta nuestros días.
Pero la arqueología ha obligado a mirar mucho más al sur.
En la Alta Amazonía ecuatoriana, cerca de la pequeña localidad de Palanda, se encuentra el sitio arqueológico de Santa Ana–La Florida. Allí se han encontrado algunas de las evidencias arqueológicas más antiguas conocidas hasta ahora del uso y la domesticación temprana del cacao.
No hablamos de una leyenda ni de una interpretación construida a partir de textos posteriores.
Los investigadores encontraron evidencias de Theobroma cacao mediante tres líneas independientes de análisis: gránulos de almidón, residuos de teobromina y ADN antiguo. El estudio científico publicado en 2018 situó el uso de cacao en este territorio hace aproximadamente 5.300 años.
En 2026 viajé hasta allí.
Y quizá por eso esta historia es diferente de otras que hemos contado en este blog. Esta vez no llegué al cacao únicamente a través de libros o publicaciones científicas.
Pude caminar por el lugar donde aparecieron aquellas evidencias, escuchar a quienes llevan años trabajando allí y observar el territorio en el que esta parte de la historia del cacao comenzó a reconstruirse.
Un lugar al que necesitaba llegar
Palanda era uno de los lugares que tenía claro que quería conocer durante mi viaje a Ecuador.
Llegar no fue sencillo.
Por las circunstancias de aquellos días, el trayecto terminó convirtiéndose en una noche entera de carretera: alrededor de doce horas hasta Loja, una espera y todavía varias horas más hasta llegar finalmente a Palanda.
Había dormido prácticamente nada.
Pero recuerdo perfectamente el momento en que el paisaje empezó a cambiar. La vegetación se volvió cada vez más exuberante y comenzamos a entrar en la Alta Amazonía.
Entonces el viaje empezó a tener sentido.
Había venido hasta allí porque quería conocer personalmente un lugar que había cambiado algo fundamental en nuestra comprensión sobre el origen y la historia del cacao.

Santa Ana–La Florida
El yacimiento de Santa Ana–La Florida fue descubierto en 2002 durante las prospecciones arqueológicas realizadas por investigadores del Institut de Recherche pour le Développement (IRD) y del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural de Ecuador en la cuenca del Mayo-Chinchipe.
Está situado sobre una terraza fluvial, aproximadamente a 1.100 metros de altitud, en la confluencia de los ríos Valladolid y Palanda, dentro de un territorio conectado con la gran cuenca amazónica.
Lo que apareció allí fue mucho más que unas cuantas piezas de cerámica.
Las excavaciones revelaron un antiguo asentamiento de la cultura Mayo Chinchipe-Marañón, con arquitectura en piedra, estructuras domésticas y ceremoniales, una plaza circular hundida, plataformas, tumbas y numerosos objetos que permiten reconstruir diferentes aspectos de la vida de aquella sociedad.
Durante nuestra visita recorrimos algunas de esas estructuras junto a Francisco Valdez, director de las investigaciones arqueológicas, y Julio Hurtado, técnico de campo y miembro del equipo que ha trabajado en las excavaciones del sitio. Ambos figuran también entre los autores del estudio científico de 2018 sobre las evidencias de cacao encontradas en Santa Ana–La Florida.
Mientras caminábamos, nos explicaban cómo la arqueología intenta reconstruir un mundo desaparecido a partir de aquello que permanece: muros, suelos, hogares, tumbas, cerámicas, restos vegetales y pequeños objetos.
Y entre todos esos restos apareció el cacao.

Cacao hace más de 5.000 años
En 2018, un equipo internacional publicó en Nature Ecology & Evolution los resultados del análisis de materiales arqueológicos procedentes de Santa Ana–La Florida.
Encontraron evidencias de cacao mediante tres métodos independientes.
Identificaron gránulos de almidón compatibles con Theobroma, residuos absorbidos de teobromina y ADN antiguo de Theobroma cacao.
Las evidencias se remontaban aproximadamente a 5.300 años.
Los investigadores concluyeron que se trataba, según el conocimiento disponible en ese momento, de la evidencia más antigua de uso de Theobroma cacao conocida en América y del centro de domesticación del cacao más antiguo identificado hasta entonces.
Actualmente, el proyecto arqueológico de Santa Ana–La Florida sitúa las evidencias de uso y domesticación temprana del cacao del sitio en torno a 5.500 años calibrados antes del presente (cal AP).
Esto llevó la historia conocida del cacao mucho más atrás en el tiempo y dirigió la mirada hacia la Alta Amazonía.
Pero hay algo importante.
Decir esto no significa que podamos colocar un punto en el mapa y afirmar simplemente:
“Aquí nació el cacao.”
La historia biológica y cultural de una planta es mucho más compleja. La investigación continúa y nuevos descubrimientos pueden ampliar o modificar lo que sabemos.
Lo que sí podemos decir hoy es extraordinario: Santa Ana–La Florida conserva las evidencias arqueológicas más antiguas identificadas hasta ahora de uso de cacao y constituye un lugar fundamental para comprender su domesticación temprana.
El cacao no estaba solo
Quizá una de las cosas que más me impresionó durante la visita fue comprender que el cacao no aparece allí como un elemento aislado.
Estamos ante una sociedad amazónica compleja.
En el sitio se encontraron espacios domésticos y ceremoniales, hogares, herramientas para procesar alimentos, tumbas y objetos elaborados con diferentes materiales.
Francisco Valdez señala además que el cacao aparece en diferentes contextos arqueológicos y sostiene que su presencia demuestra un uso social anterior al documentado posteriormente en Mesoamérica.
Es decir, no estamos observando simplemente una semilla antigua.
Estamos intentando comprender qué relación mantenía una sociedad humana con el cacao hace miles de años.
Y esa pregunta me parece mucho más interesante.
Entrar en el espacio ceremonial
Una parte especialmente fascinante de la visita fue recorrer el sector ceremonial del sitio.
Allí nos mostraron estructuras circulares, una hoguera, ofrendas y enterramientos. Nos explicaron también algunas de las interpretaciones que los arqueólogos han planteado sobre las actividades rituales que pudieron desarrollarse en aquel espacio y sobre la posible presencia de figuras chamánicas.
Esta parte requiere una distinción importante.
Una cosa son las evidencias materiales encontradas por la arqueología y otra la interpretación que hacemos de las prácticas que pudieron producirlas.
Sabemos que existieron determinados espacios, objetos, hogares y contextos funerarios.
Reconstruir exactamente qué sucedía allí hace miles de años es mucho más difícil.
Durante nuestra visita nos hablaron de fuego, vapor, ofrendas, prácticas de curación y posibles ceremonias. Son interpretaciones fascinantes que ayudan a imaginar la dimensión simbólica que pudo tener aquel espacio, pero no todas pueden afirmarse con el mismo grado de certeza que una datación de carbono 14 o la identificación molecular del cacao.
Y precisamente esa frontera entre lo que sabemos y lo que intentamos interpretar merece que volvamos sobre ella en otro artículo.

Las vasijas que conservaron el cacao
Entre los objetos más extraordinarios encontrados en Santa Ana–La Florida están las llamadas vasijas de asa de estribo.
Su forma resulta muy característica: del cuerpo de la vasija parten dos conductos que se unen antes de formar el cuello, creando una silueta semejante al estribo de una montura.
Algunos de los artefactos analizados en Santa Ana–La Florida dieron resultados positivos para Theobroma cacao mediante las diferentes técnicas utilizadas por los investigadores.
La web oficial del proyecto muestra además una de estas vasijas, con una representación interpretada como un chamán transformándose en jaguar, y señala que en su interior había una bebida de cacao.
Estar allí y contemplar las réplicas y las imágenes de estos objetos produce una sensación difícil de explicar.
Una vasija puede romperse.
Una sociedad puede desaparecer.
Un asentamiento puede quedar enterrado durante miles de años.
Y, sin embargo, restos microscópicos conservados en aquellos objetos pueden permitirnos reconstruir una parte de la historia.
Mucho antes del chocolate
Cuando hoy pronunciamos la palabra cacao, nuestra mente viaja casi inevitablemente hacia el chocolate.
Pero hace más de cinco mil años, el chocolate tal como lo conocemos no existía.
El cacao pertenecía a otro mundo.
Un mundo amazónico de ríos, bosque, alimentos, intercambio, arquitectura, muerte y ritualidad.
La cultura Mayo Chinchipe-Marañón formaba parte de ese mundo mucho antes del desarrollo de las grandes culturas mesoamericanas que posteriormente construirían sus propias y extraordinarias tradiciones alrededor del cacao.
Por eso conocer Santa Ana–La Florida no significa sustituir una historia por otra.
Significa ampliarla.
Comprender que la historia del cacao es mucho más antigua, extensa y compleja de lo que durante mucho tiempo pensamos.
Del sitio arqueológico al cacao vivo
Al día siguiente de visitar Santa Ana–La Florida, Julio nos llevó a un pequeño bosque donde todavía crecían viejos árboles de cacao entre muchas otras especies.
Durante la visita nos explicaron que algunos de aquellos cacaoteros podrían tener alrededor de trescientos años.
No existe, que yo conozca, una datación que me permita afirmar científicamente la edad exacta de aquellos árboles. Por eso prefiero contar simplemente lo que nos explicaron allí.
Pero tampoco necesito conocer su edad exacta para recordar lo que sentí.
Después de pasar el día anterior contemplando piedras, cerámicas y restos de una sociedad que había vivido allí miles de años atrás, encontrarme nuevamente frente a árboles vivos de cacao produjo una sensación completamente diferente.
El cacao ya no estaba solamente dentro de una vasija arqueológica.
Estaba delante de mí.
Creciendo entre otros árboles, rodeado por la vegetación de la Alta Amazonía.

Volver al origen para comprender el cacao
Ese fue quizá el verdadero sentido de llegar hasta Palanda.
No encontrar una frase sencilla que dijera dónde “nació” el cacao.
Sino comprender que detrás de cada taza existe una historia muchísimo más larga de lo que solemos imaginar.
Una historia de plantas y seres humanos, de conocimiento, transformación, alimentación, intercambio y ritualidad.
La arqueología nos permite recuperar fragmentos de esa historia.
El territorio conserva otros.
Y algunos continúan vivos.
Cuando trabajamos con cacao en Sumay, hablamos constantemente de origen. Del lugar donde crece, de quién lo cultiva, de su variedad, de cómo se fermenta y de cómo se transforma.
Después de Palanda, para mí la palabra origen significa algo todavía más amplio.
Significa también preguntarnos de dónde viene la relación que los seres humanos mantenemos con esta planta.
Y esa historia comenzó mucho antes de nosotros.
Referencias
Zarrillo, S., Gaikwad, N., Lanaud, C. et al. (2018). The use and domestication of Theobroma cacao during the mid-Holocene in the upper Amazon. Nature Ecology & Evolution, 2, 1879–1888. DOI: 10.1038/s41559-018-0697-x.
Valdez, F. (2025/2026). El origen y la domesticación del cacao y su uso social en la Alta Amazonía. Boletín de la Academia Nacional de Historia, Vol. 103, n.º 213, pp. 133–169. El volumen corresponde a enero–junio de 2025 y la publicación digital figura en marzo de 2026.
Valdez, F. (2013). Primeras Sociedades de la Alta Amazonía. La Cultura Mayo Chinchipe-Marañón. IRD / Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, Quito. Referencia recogida por el proyecto oficial de Santa Ana–La Florida.
Proyecto Santa Ana–La Florida — Plan Binacional de Desarrollo de la Región Fronteriza Ecuador–Perú, Capítulo Ecuador. Información institucional y arqueológica del sitio.